El Lanzarote de César Manrique

César Manrique dedicó buena parte de su trayectoria a explorar la relación entre el arte y la naturaleza. Nació en Arrecife, Lanzarote, en 1919, y estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde vivió entre 1945 y 1964. Después de pasar dos años en Nueva York, regresó a su isla natal en 1966. Allí desarrolló una forma de intervenir en el paisaje que combinaba arquitectura, escultura y diseño con la intención de preservar la identidad natural y cultural de Lanzarote.

Fundación César Manrique, 2022. Foto de Mike Peel 

Desde su regreso, Manrique impulsó proyectos que convirtieron algunos de los elementos más característicos de la isla —la roca volcánica, los acantilados, las cuevas y la vegetación— en parte esencial de su obra. En lugar de separar la arquitectura del entorno, buscó integrarla en él. Esa idea, que denominó arte-naturaleza y naturaleza-arte, se encuentra en espacios como los Jameos del Agua, el Mirador del Río y el Jardín de Cactus.

Uno de los ejemplos más representativos son los Jameos del Agua. Situado en el interior de un tubo volcánico formado por las erupciones de La Corona, el espacio combina roca, agua, vegetación y arquitectura. Manrique aprovechó las características naturales de la cueva para crear un recorrido en el que los elementos construidos acompañan al paisaje sin ocultar su origen. El resultado permite entender una de las claves de su trabajo: intervenir en la naturaleza para descubrir nuevas formas de experimentarla.

El Mirador del Río muestra otra manera de desarrollar esa idea. La obra comenzó en 1971 y se inauguró en 1973, en el risco de Famara, al norte de Lanzarote. El edificio se excavó en el terreno y se cubrió con piedra volcánica, de modo que su volumen apenas se distingue desde el exterior. En el interior, dos grandes ventanales abren la vista hacia el estrecho de El Río y La Graciosa. La arquitectura se convierte así en un marco desde el que observar el territorio y apreciar la escala del paisaje.

La intervención de Manrique también se extendió a espacios transformados por la actividad humana. El Jardín de Cactus, inaugurado en 1990, ocupa una antigua cantera de picón en las inmediaciones de Guatiza. Allí organizó el terreno en terrazas concéntricas que acogen una colección de cactus y otras plantas suculentas procedentes de distintas partes del mundo. Un antiguo molino completa el conjunto y lo vincula con la historia agrícola de la isla. Fue la última gran intervención del artista en Lanzarote.

Su manera de entender el paisaje también se aprecia en su propia casa. En Tahíche, la actual Fundación César Manrique ocupa una vivienda construida sobre una colada de lava. El edificio aprovecha cinco burbujas volcánicas naturales, conectadas mediante túneles, para crear espacios habitables dentro de la roca. Manrique vivió allí entre 1968 y 1988. Hoy, la casa permite conocer tanto su obra como su relación cotidiana con el entorno volcánico que marcó su trayectoria.

La arquitectura popular fue otra de sus preocupaciones. En 1974 publicó Lanzarote. Arquitectura inédita, un libro dedicado a las construcciones tradicionales de la isla y a sus características formales. La publicación surgió de su interés por documentar una arquitectura adaptada al clima, los materiales y las condiciones del territorio, en un momento de transformación económica y turística. Su trabajo no se limitó, por tanto, a crear nuevos espacios: también buscó llamar la atención sobre aquello que podía desaparecer.

Manrique defendió un modelo de desarrollo que tuviera en cuenta los límites del territorio y la singularidad de Lanzarote. Sus intervenciones quedaron vinculadas al crecimiento turístico de la isla, pero también a su preocupación por los efectos que ese crecimiento podía tener sobre el paisaje. Esa dimensión forma parte de su legado y permite mirar sus obras más allá de su condición de atractivos turísticos: como propuestas para pensar la relación entre arquitectura, identidad y territorio.

Fundación César Manrique, 2022. Foto de Mike Peel 

Siguiendo los pasos de César Manrique por Lanzarote

Recorrer algunos de los espacios creados por César Manrique permite descubrir su manera de entender el paisaje de Lanzarote. La ruta puede organizarse de este a norte y terminar en Haría, donde se encuentra la casa en la que el artista vivió sus últimos años.

La primera parada puede ser la Fundación César Manrique, en Tahíche. La visita permite conocer tanto la casa como parte de su obra pictórica. Se encuentra en la calle Jorge Luis Borges, 16, y abre todos los días de 10:00 a 17:30 h, con cierre de taquilla a las 17:00 h. La entrada general cuesta 10 euros.

Desde Tahíche, el recorrido puede continuar hacia el Jardín de Cactus, en Guatiza. El centro abre todos los días de 10:00 a 17:00 h y la entrada general cuesta 9 euros. Es una visita de aproximadamente una hora.

La siguiente parada son los Jameos del Agua, en el municipio de Haría. El centro abre habitualmente de 10:00 a 18:00 h y la visita puede durar entre una y dos horas. La entrada general parte de los 17 euros. Es recomendable consultar las opciones disponibles y comprar las entradas a través de la web oficial antes de desplazarse.

A poca distancia se encuentra el Mirador del Río, en el risco de Famara. La visita permite contemplar La Graciosa y el archipiélago Chinijo desde uno de los edificios más conocidos de Manrique. El horario habitual es de 10:00 a 17:00 h, con último acceso a las 16:40 h, y la entrada general cuesta 9 euros.

Para terminar, merece la pena acercarse a Haría, donde se encuentra la Casa-Museo César Manrique. El artista vivió allí desde 1988 hasta su muerte, en 1992. La visita permite recorrer las estancias de la vivienda y su estudio, conservado con objetos y materiales de trabajo. Abre todos los días de 10:30 a 17:30 h, con cierre de taquilla a las 17:00 h. La entrada general cuesta 10 euros. También existe una entrada combinada para visitar la casa de Haría y la Fundación de Tahíche por 17 euros.

Libros para acercarse a César Manrique y Lanzarote

Lanzarote. Arquitectura inédita, publicado originalmente por César Manrique en 1974 y reeditado por la Fundación César Manrique con motivo de su cincuentenario, es una de las publicaciones más relacionadas con este recorrido. El libro reúne imágenes de la arquitectura tradicional de la isla y permite acercarse a la preocupación del artista por conservar sus características en un momento de cambio.

Para seguir las huellas de César Manrique por Lanzarote, César Manrique y Lanzarote: Guía esencial, de Alejandro Scarpa, es una opción para acercarse a sus principales intervenciones arquitectónicas y culturales. La publicación permite conocer mejor los espacios en los que el artista exploró la relación entre arte y naturaleza y sirve como referencia para organizar un recorrido por la isla.

Por último, en César Manrique: El Alma de Lanzarote, Christina Grey recorre la vida y el legado del artista canario. El libro aborda su trayectoria artística, su vínculo con la cultura local y su defensa del paisaje frente al desarrollo urbanístico descontrolado. A través de relatos, testimonios y reflexiones sobre su legado, Grey presenta a Manrique como una figura fundamental para comprender la identidad visual de Lanzarote y su apuesta por integrar arquitectura, arte y naturaleza.

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