Si expreso mi amor y admiración hacia Donna Tartt, es porque estamos ante una de las escritoras vivas más influyentes que ha dado la literatura estadounidense en las últimas décadas. Para que os hagáis una idea de lo que Tartt ha generado en la historia contemporánea, debemos empezar diciendo que, con una producción inusualmente breve —apenas tres novelas en un periodo de treinta y cinco años—, ha logrado hitos que otros autores no alcanzan con bibliografías extensas. Con su debut, “El secreto”, no solo escribió un superventas, sino que creó el género literario conocido como Dark Academia, una estética y narrativa que sigue cautivando a nuevas generaciones. Con su tercera obra, “El Jilguero”, alcanzó la gloria académica al ganar el Premio Pulitzer. Y, por si no fuera suficiente, el New York Times la ha encumbrado como una de las cien mejores novelas escritas en el siglo XXI.
Leer “El Jilguero” ha sido una de las experiencias más sublimes que he tenido como lector beta profesional y como lector por elección; sin duda, una de las más gratificantes de mis últimos veinticinco años. La buena de Donna Tartt tiene la habilidad de introducirte en los mecanismos del arte, con todos sus imbricados y turbulentos negocios, de una forma magistral y adictiva. ¿Qué motivaciones puede tener un lector para enfrentarse a 1.152 páginas y 760 gramos de peso? Básicamente la certeza de que, entre los dos mil libros que hayas podido leer a lo largo de tu vida, este permanecerá para siempre en tu asamblea de emociones.
La obra posee una base ambiental y descriptiva a la altura de las grandes obras maestras del siglo XIX, pero con un pulso moderno. Nos adentra en la vida de Theodore Decker, un niño de trece años que, durante una visita al Museo Metropolitano de Arte junto a su madre, sufre un atentado terrorista. La explosión no solo acaba con la vida de su madre, sino que lo deja solo frente a una pequeña tabla del pintor Carel Fabritius: El Jilguero. Por una serie de azares y decisiones tomadas bajo el shock del trauma, Theo se hace cargo de la obra de manera clandestina. Este acto definirá el resto de su vida.
A través de los ojos de un Theo que crece herido, Tartt nos narra una serie de peripecias donde se aúnan el mundo de las falsificaciones de antigüedades, las relaciones humanas cimentadas desde el dolor, el hampa como un código de honor paralelo y, sobre todo, un amor místico hacia la belleza. La novela se desplaza entre el suspense y la comedia dramática con una naturalidad asombrosa. Pero lo que realmente la eleva es la construcción de sus personajes.
Aunque el protagonista necesita un amor que a veces el lector no logra darle del todo, es su mejor amigo, el inolvidable ucraniano Boris Pavlikovsky, quien humaniza la tragedia. Boris es el caos, el vicio y la lealtad absoluta; es él quien aporta las claves para que ames este trabajo de Donna Tartt. Al final, no es solo la historia de un cuadro robado, es una reflexión inenarrable sobre cómo la belleza puede ser, al mismo tiempo, nuestra salvación y nuestra condena.

Título: El jilguero
Autor: Donna Tartt
Editorial: LUMEN
Fecha de Publicación: 2014
Páginas: 1152
Idioma: Castellano
Precio: ca. 25€.
