El controvertido escritor francés Michel Houellebecq ganó en 2010 el Premio Goncourt, el máximo galardón de las letras galas, que equivaldría en España al prestigioso Premio Cervantes. Houellebecq siempre ha demostrado una lucidez afilada a la hora de diagnosticar las profundas insensateces de las sociedades occidentales; una capacidad implacable con la que su pluma, cargada de una ironía lacerante, nos regala monumentales reflexiones sobre la alienación y la condición humana actual. Su célebre novela El mapa y el territorio sigue la trayectoria de Jed Martin, un artista plástico francés que alcanza la fama y el éxito mundial gracias a una producción fotográfica singular: imágenes de carreteras y mapas Michelin de paisajes reales que se hibridan para fusionar la estética geométrica humana —representada por el mapa— con los entornos geográficos que formalizan el territorio.

En el corazón de esta trama hay un personaje que adquiere un protagonismo fascinante: el propio Michel Houellebecq. El autor se autorretrata de forma explícita como un ser errático, huraño y completamente aislado de cualquier soporte social. Este juego metaficcional resulta un acierto literario, ya que el propio artista Jed Martin le pide a Houellebecq que pose para un retrato pictórico y se lo ofrece como regalo a cambio de que el escritor redacte el texto curatorial de su próxima exposición.
Como lector que ha recorrido la obra completa de Michel Houellebecq, considero que, a pesar del éxito comercial de este trabajo y del enorme prestigio que supuso el Premio Goncourt, en esta novela se percibe a un creador cansado y sin esas dosis de energía que le han caracterizado. Aunque el libro se postula explícitamente como una crítica mordaz a las bases del arte contemporáneo, al capitalismo tardío —donde las cifras macroeconómicas y los resultados financieros son lo único importante— y a las interrelaciones aprendidas que se dan entre las personas en el constante intercambio de favores, las reflexiones aquí expuestas no alcanzan la altura, la crudeza ni el impacto de otros grandes títulos anteriores como Las partículas elementales o Plataforma.
Sin embargo, es de justicia romper una lanza a favor del autor francés. Si bien es cierto que en lo literario no termina de desplegar las dotes necesarias para ironizar con total efectividad sobre los complejos conglomerados en los que se mueve el mercado del arte contemporáneo, Houellebecq ha demostrado su valía teórica en el plano real. Sus propias incursiones reales como fotógrafo y artista visual revelan unos logros conceptuales y una solidez discursiva que son dignos de haber sido exhibidos en las más grandes instituciones artísticas internacionales. Al adentrarse en la pausada lectura de El mapa y el territorio, se hace evidente que el autor ya no busca la confrontación directa a través de la provocación pura, sino que prefiere observar con melancolía el crepúsculo de un mundo hiperconectado y deshumanizado. Es en este punto exacto donde la ficción y la realidad se difuminan, invitando al lector a reflexionar si el arte actual es un refugio o el síntoma definitivo de nuestra estupidez social.

Título: El mapa y el territorio
Autor: Michel Houellebecq
Editorial: Anagrama
Fecha de Publicación: 2011
Páginas: 384
Idioma: Castellano
Precio: 28€
