Antonio López lleva décadas pintando Madrid. Sus calles, sus edificios y sus paisajes aparecen en distintas etapas de su trayectoria. Llegó a la ciudad con 13 años para preparar su ingreso en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde estudió pintura entre 1950 y 1955. Antes de entrar en la escuela, completó su formación en la Escuela de Artes y Oficios y en el Museo de Reproducciones Artísticas.

Desde entonces, Madrid se convirtió en uno de los escenarios habituales de su obra. López ha pintado la ciudad desde distintos puntos de vista, desde sus calles y plazas hasta las zonas periféricas y los lugares donde el paisaje urbano empieza a desaparecer.
La Gran Vía es probablemente la imagen más reconocible de este Madrid. López comenzó a pintarla en 1974 y trabajó en la obra durante varios años. La avenida aparece desde el nivel de la calle, prácticamente vacía, observada con una atención que convierte un espacio cotidiano en el motivo principal de la pintura. Años después volvería a pintar sobre ella desde una ventana de la calle Alcalá, buscando otra perspectiva y otra relación con la luz.
Esa forma de trabajar se repite en otras vistas de la ciudad. Madrid desde Capitán Haya muestra una panorámica desde la altura, mientras que Madrid desde el Cerro del Tío Pío lleva la mirada hacia los límites urbanos. Ambas obras forman parte de la colección del Museo Reina Sofía, que conserva 17 obras de Antonio López.
También está Atocha. La plaza del Emperador Carlos V fue el primer espacio que López pintó a pie de calle en Madrid. Para el artista, era además un lugar cargado de significado: la entrada a la ciudad desde La Mancha, el territorio del que procedía. A partir de ahí, su relación con Madrid se fue construyendo a través de lugares comunes y de escenas que encontraba en su entorno.
Durante años también fue posible encontrarse con Antonio López pintando directamente en las calles de Madrid. La Puerta del Sol es uno de los ejemplos más conocidos: allí comenzó en 2010 una vista de la plaza que retomaría más de una década después. En 2021 volvió al mismo punto para continuarla y, en 2023, regresó de nuevo a Sol para trabajar al aire libre. Su presencia en la plaza atraía a madrileños y turistas, que se acercaban a observar al artista mientras trabajaba.
Su Madrid tampoco es siempre el del centro. López ha mostrado un interés particular por las zonas periféricas, por aquellos lugares en los que la ciudad termina y comienza el campo. Vallecas, las vistas desde las alturas o los espacios que se extienden más allá de los edificios forman parte de una misma búsqueda: observar cómo se construye y se transforma el paisaje urbano.
En sus pinturas, el tiempo tiene un papel fundamental. López puede regresar durante años al mismo lugar para trabajar sobre una imagen determinada. Es el caso de Gran Vía, 1 de agosto, 7:30 horas, 2009-2015, realizada desde una ventana y construida a partir de sucesivas visitas al mismo punto. La obra no registra únicamente un lugar, sino también una hora, una luz y un momento concreto de la ciudad.
Siguiendo los pasos de Antonio López por Madrid
Seguir el Madrid de Antonio López también es posible a través de algunos de los lugares donde se conserva o se ha presentado su obra. El punto de partida puede ser el Museo Reina Sofía, que conserva 17 obras del artista, entre ellas Madrid desde Capitán Haya (1987-1996) y Madrid desde el Cerro del Tío Pío. Son dos vistas que permiten acercarse a ese Madrid de las alturas y de los límites de la ciudad que aparece de forma recurrente en su pintura.
La siguiente parada puede ser el Palacio Real. Allí se encuentra La familia de Juan Carlos I, el retrato que Antonio López comenzó en 1993 y terminó en 2014, después de más de veinte años de trabajo. Aunque no pertenece a su pintura de Madrid, la obra permite conocer otra faceta de su trayectoria y su particular manera de enfrentarse al tiempo y a sus modelos.
Desde ahí, el recorrido puede continuar por la Gran Vía, uno de los grandes motivos de la obra de López. La pintura Gran Vía (1974-1981), conservada en una colección privada, muestra la avenida desde la calle. Décadas después, el artista volvió a observarla desde las alturas y realizó nuevas vistas en las que la luz y la hora del día adquieren un papel protagonista.
El recorrido termina en Atocha, un lugar especialmente vinculado a sus primeros años en Madrid. La plaza del Emperador Carlos V fue el primer espacio que López pintó a pie de calle en la ciudad. Desde allí se entiende también una de las claves de su relación con Madrid: no buscó únicamente sus monumentos o sus lugares más reconocibles, sino los espacios cotidianos que forman parte de la vida de la ciudad.

Libros para seguir mirando el Madrid de Antonio López
Paisajes, publicado por ARTIKA en 2023, permite acercarse a esta relación con la ciudad desde la propia voz del artista. López participó directamente en la selección de las imágenes y escribió los textos y recuerdos que acompañan las obras. La portada reproduce Gran Vía, 1 de agosto, 7:30 horas, 2009-2015, convirtiendo una de sus vistas de Madrid en la puerta de entrada al libro.
También Conversaciones con Antonio López, publicado por Ivorypress, permite conocer su proceso de trabajo y su relación con la Gran Vía. El segundo volumen, Aproximación a la Gran Vía como tema en mi pintura, reúne imágenes de las obras que el artista ha dedicado a esta avenida junto a un texto escrito por él.
Para acercarse a su manera de trabajar, Antonio López. Material de trabajo, de la colección Cuadernos de artista Matador, reúne una selección de dibujos y obras inacabadas elegidas por el propio artista. Una publicación que permite mirar más de cerca el proceso detrás de sus pinturas y entender una forma de trabajar basada en la observación, el tiempo y la vuelta constante sobre un mismo motivo.


