Durante el siglo XVII, la arquitectura italiana cambió para siempre. Frente al equilibrio, la proporción y la serenidad que habían dominado buena parte del Renacimiento, surgió una arquitectura que buscaba movimiento, emoción, sorpresa y teatralidad.
Roma se convirtió en el gran laboratorio de esta transformación. Iglesias, palacios y plazas comenzaron a concebirse como escenarios capaces de envolver al espectador. Las fachadas se curvaron, las plantas se hicieron más complejas, la luz adquirió un papel protagonista y las fronteras entre arquitectura, escultura y pintura comenzaron a desaparecer.
En ese proceso destacaron cuatro nombres: Gian Lorenzo Bernini, Francesco Borromini, Pietro da Cortona y Guarino Guarini. Cuatro personalidades muy diferentes que llevaron la arquitectura barroca por caminos distintos, pero que compartieron una misma ambición: convertir el edificio en una experiencia.

Bernini: la arquitectura como espectáculo
Gian Lorenzo Bernini es probablemente el arquitecto más célebre del Barroco italiano. Su trayectoria estuvo estrechamente ligada a Roma y al papado, y su talento no se limitó a la arquitectura: fue también escultor, pintor y escenógrafo. Esa capacidad para trabajar con diferentes disciplinas explica buena parte de su concepción de la arquitectura. Para Bernini, un edificio no debía contemplarse únicamente como una estructura. Había que experimentar con él.
Su gran escenario fue la Plaza de San Pedro del Vaticano. Entre 1656 y 1657 diseñó la enorme columnata que abraza la plaza y conduce la mirada hacia la fachada de la basílica. Las cuatro filas de columnas forman una gigantesca elipse que organiza el espacio y, al mismo tiempo, produce una sensación de acogida. La arquitectura se convierte aquí en un gesto. El visitante no contempla simplemente una plaza: entra en ella siguiendo un recorrido cuidadosamente pensado. La perspectiva, la escala y el movimiento de las personas forman parte de la composición.
Bernini llevó esa misma concepción a las iglesias. En Sant’Andrea al Quirinale, construida para los jesuitas, una planta ovalada concentra el espacio alrededor del altar. La luz, la escultura, la pintura y la arquitectura colaboran para producir un efecto escénico.
Para profundizar en la figura de Bernini, una buena puerta de entrada es Bernini, de Franco Borsi, publicado en castellano por Akal. Es un volumen breve pero muy útil para entender al artista no solo como escultor, sino también como arquitecto y protagonista de la transformación barroca de Roma, prestando especial atención a la relación entre arquitectura, espacio, teatralidad y poder.

Título: Bernini
Autor: Franco Borsi
Editorial: Akal
Páginas: 144
Año de publicación: 1998
Idioma: Castellano
Precio: 21,50€
Borromini: la rebelión de las formas
Francesco Borromini fue muy diferente. Si Bernini parecía dominar el espacio mediante grandes composiciones teatrales, Borromini se adentró en el espacio para transformarlo desde dentro. Su arquitectura está llena de curvas, concavidades, superficies ondulantes y geometrías complejas. Las paredes parecen moverse y las plantas desafían las formas tradicionales.
Uno de sus edificios más extraordinarios es San Carlo alle Quattro Fontane, en Roma. El solar era pequeño y las posibilidades, aparentemente limitadas. Borromini convirtió esa dificultad en una oportunidad. La planta se organiza mediante una geometría compleja y la fachada se ondula alternativamente hacia dentro y hacia fuera. El interior está dominado por una cúpula que parece mucho más ligera y elevada de lo que permitirían las dimensiones reales del edificio. Borromini utilizó las proporciones y las formas geométricas para conseguir que un espacio reducido pareciera dinámico y sorprendente.
Algo todavía más audaz sucede en Sant’Ivo alla Sapienza. La planta parte de una compleja combinación geométrica y culmina en una cúpula cuya linterna asciende mediante una estructura helicoidal.
Para acercarse a la obra de Francesco Borromini, una referencia especialmente recomendable es Borromini, de Anthony Blunt, publicado por Alianza Editorial. El autor analiza con detalle el lenguaje arquitectónico del maestro romano y presta especial atención a su uso de la geometría, las proporciones y las formas curvas. El libro resulta especialmente útil para comprender cómo Borromini consiguió transformar espacios relativamente pequeños en arquitecturas de enorme complejidad visual.

Titulo: Borromini
Autor: Anthony Blunt
Editorial: Alianza Forma
Páginas: 264
Año de publicación: 2005
Idioma: Castellano
Precio: 22,50€
Pietro da Cortona: cuando la arquitectura se convierte en pintura
Pietro da Cortona ocupa un lugar singular entre los grandes maestros del Barroco. Fue uno de los principales pintores de su tiempo, pero también desarrolló una importante carrera como arquitecto.
En Santa Maria della Pace, en Roma, Cortona transformó la relación entre la iglesia y la plaza. La fachada curva avanza hacia el espacio urbano y crea una pequeña escena arquitectónica alrededor del templo. La arquitectura ya no es una superficie plana que separa el interior del exterior. Se proyecta hacia el espectador.
Su experiencia como pintor dejó una huella evidente en sus edificios, esto resulta evidente en el Palacio Barberini, donde realizó uno de los grandes frescos decorativos del Barroco romano: El triunfo de la Divina Providencia. La pintura crea una ilusión de profundidad que parece prolongar la propia arquitectura. Las figuras se desplazan por un espacio celestial y las estructuras pintadas se confunden con las reales.
Una referencia especialmente interesante para acercarnos a su trabajo es Pietro da Cortona architetto, de Annarosa Cerutti Fusco y Marcello Villani, publicado por Gangemi en 2002. Es una monografía de 448 páginas dedicada específicamente a su faceta arquitectónica y estudia sus edificios y proyectos dentro del contexto cultural del Seicento. El libro combina el análisis de las obras con el estudio de sus mecenas, su entorno artístico y las ideas que están detrás de su arquitectura, por lo que resulta especialmente útil para comprender a Cortona más allá de su conocida actividad como pintor.

Titulo: Pietro da Cortona Architetto
Autor: Annarosa Cerutti Fusco, Marcello Villani
Editorial: Gangemi
Páginas: 448
Año de publicación: 2002
Idioma: Italiano
Precio: 32€
Guarino Guarini: la geometría de lo imposible
Guarino Guarini pertenece a una generación posterior y llevó las investigaciones espaciales del Barroco hacia una dirección todavía más compleja.
Nacido en Módena en 1624, fue sacerdote teatino, filósofo, matemático y arquitecto. Su formación explica en parte el carácter casi experimental de sus edificios. Su principal escenario fue Turín, donde diseñó algunas de las construcciones más sorprendentes de la arquitectura italiana del siglo XVII.
En la iglesia de San Lorenzo, la cúpula parece construida a partir de una red de arcos que se cruzan y superponen. La estructura produce una sensación de ligereza extraordinaria y dirige la mirada hacia una fuente de luz situada en lo alto.
Pero es en la Capilla de la Santa Síndone, también en Turín, donde su imaginación alcanza uno de sus momentos culminantes. La cúpula está formada por una sucesión de estructuras geométricas que ascienden hacia la luz. El espacio parece crecer verticalmente, como si la arquitectura estuviera a punto de desmaterializarse.
La publicación más completa para conocer su trabajo es Guarino Guarini and His Architecture, de Harold Alan Meek, publicado por Yale University Press. Es una monografía de 194 páginas que recorre su trayectoria y analiza específicamente su arquitectura en Turín y Sicilia, con capítulos dedicados a San Lorenzo, la Capilla de la Santa Síndone y sus palacios. Es especialmente útil para entender la relación entre las matemáticas, la geometría y las soluciones espaciales que hacen tan singular su arquitectura.

Titulo: Guarino Guarini and his architecture
Autor: Harold Alan Meek
Editorial: Allemandi
Páginas: 563
Año de publicación: 2006
Idioma: Inglés
