TVBoy es el Backstreet Boy del arte urbano, con una obra tan peregrina y simple que hace que los malos artistas parezcan, a su lado, creadores cuya obra ha sido desarrollada por las mentes más capacitadas del MoMA de Nueva York.
Cada semana me compro un libro de arte o voy a la biblioteca pública para tomar prestada una obra, y esta vez opté por lo segundo para escribir la columna semanal que me corresponde. La historia es que, en uno de los estantes, encontré una obra titulada “TVBoy: La calle es mi museo”. Me llevé el libro para realizar un análisis pormenorizado de la obra del artista, pero lo que encontré fue que no había nada que analizar.
Una de las obras más hilarantes del creador es un grafiti de Albert Rivera que ha titulado La naranja mecánica o que, por lo menos, hace alusión a ella. El expolítico de centroderecha aparece caracterizado con una estética neonazi, y el bueno de TVBoy explica en su obra que el color del partido político extinto, Ciudadanos, era el naranja. Esa es la explicación de su obra, y el tipo se queda tan tranquilo.
Pues así son todas las obras y todas las explicaciones de cada uno de sus proyectos. En el mundo del arte tenemos una responsabilidad: fiscalizar las obras de los artistas, independientemente de si son mediáticos o de si son aplaudidos por el “mainstream”. La creación de TVBoy me ha mostrado un camino: el posmodernismo ama la mediocridad sin hacerse las preguntas requeridas sobre un producto puramente mercantilista y concebido como objeto de masas.
Mi labor no ha acabado con la lectura del libro “TVBoy: La calle es mi museo” como parte de mi actividad como articulista. He indagado en los navegadores de internet y no solo he confirmado lo escrito anteriormente, sino que también he hallado algo que me ha llamado poderosamente la atención: el artista mantiene una estrecha colaboración con la marca textil italiana Antony Morato.
Señor TVBoy, ¿sabe usted dónde se fabrica la mayor parte de la ropa italiana de Antony Morato? En China, señor; en China.
Ya sabe: explotación, bajos salarios, inseguridad laboral y otras tantas situaciones que se viven en el país asiático, donde la oda al capitalismo personifica este sistema económico.
Cuando alguien expone su pensamiento y sus intenciones políticas, como resulta obvio en su trabajo, también tiene que cuidar las formas. Este artista tiene que darle una vuelta a su trabajo en términos conceptuales y empezar de nuevo, porque lo mostrado en el libro “TVBoy: La calle es mi museo” le hará vivir en el presentismo, haciéndole creer que su obra es relevante, cuando las pruebas científicas dicen lo contrario para la academia rigurosa y los críticos de arte que no estén fagocitados por los organismos públicos.

Título: TVBOY. La calle es mi museo
Editorial: Libros Cúpula
Año de publicación: 2020
Páginas: 223


