La puntada subversiva. El bordado y la creación de lo femenino

Rozsika Parker publicó The Subversive Stitch: Embroidery and the Making of the Feminine en 1984. Más de cuatro décadas después, la publicación por primera vez en castellano de La puntada subversiva. El bordado y la creación de lo femenino, editado por Akal y traducido por Ana Useros Martín y Jesús Espino Nuño, permite recuperar uno de los textos fundamentales de la historia del arte feminista y volver sobre una cuestión que sigue siendo relevante: quién decide qué prácticas merecen ocupar un lugar dentro de la historia del arte.

Portada del libro La puntada subversiva de Rozsika Parker

El punto de partida de Parker es una práctica que durante siglos estuvo estrechamente vinculada a las mujeres: el bordado. Pero el libro no se limita a reivindicar esta técnica ni a reconstruir su historia. Lo que plantea es una cuestión más compleja: cómo una práctica artística puede quedar determinada por el lugar social que ocupa quien la realiza.

A lo largo de su investigación, Parker recorre la historia del bordado desde la Edad Media hasta el siglo XX y analiza su relación con la construcción de la feminidad. Para ello no se sirve únicamente de las obras realizadas con aguja. También recurre a revistas femeninas, cartas, novelas y otras fuentes que permiten observar cómo se enseñó, se practicó y se valoró esta actividad a lo largo del tiempo.

Bordar no fue simplemente una habilidad manual. Formó parte de la educación de muchas mujeres y estuvo relacionado con determinadas ideas sobre lo que debía ser una mujer: paciente, aplicada, cuidadosa y vinculada al espacio doméstico. La aguja podía convertirse así en una herramienta para transmitir y reforzar un determinado modelo de feminidad.

Pero precisamente aquí aparece una de las cuestiones más interesantes que plantea La puntada subversiva: el bordado no puede entenderse únicamente como una práctica de sometimiento. La misma actividad que podía contribuir a inculcar determinados comportamientos ofrecía también un espacio para la creatividad, el placer y la relación entre mujeres. Esta contradicción atraviesa buena parte de la propuesta de Parker. El bordado podía ser una obligación y, al mismo tiempo, una forma de expresión. Podía formar parte de las tareas que se esperaba que realizasen las mujeres y convertirse también en un territorio propio, construido alrededor de una práctica compartida. Las técnicas se transmitían entre generaciones y el conocimiento de la aguja generaba vínculos y formas de relación.

La historia del bordado está además estrechamente relacionada con la separación entre arte y artesanía. Mientras las bellas artes fueron adquiriendo un determinado reconocimiento dentro de la historia del arte, las prácticas vinculadas al ámbito doméstico quedaron relegadas a una posición secundaria. En el caso del bordado, esta diferencia no puede desvincularse de su asociación con las mujeres.

La cuestión, por tanto, no es únicamente por qué el bordado fue considerado artesanía y no arte. También es necesario preguntarse por qué determinadas prácticas y formas de trabajo fueron valoradas de manera diferente en función de quién las realizaba, dónde las realizaba y qué lugar ocupaban dentro de la estructura social.

Desde esta perspectiva, La puntada subversiva no habla solamente de una técnica. Habla de las categorías que hemos utilizado para construir la historia del arte y de todo aquello que esas categorías han dejado fuera.

Esta revisión resulta especialmente significativa al observar la presencia que el textil ha adquirido en el arte contemporáneo. El interés de artistas como Louise Bourgeois o Tracey Emin por determinadas técnicas y materiales tradicionalmente asociados a la esfera doméstica contribuyó a desplazar la percepción de estas prácticas. El hilo, la tela, la costura o el bordado podían entrar en el espacio artístico sin desprenderse necesariamente de la historia que los había acompañado.

Aquí es donde reside parte de la importancia del libro de Parker. Recuperar el bordado no significa simplemente trasladarlo del ámbito doméstico al museo o a la galería. Significa reconocer que los materiales y las técnicas también tienen una historia social, y que esa historia puede formar parte del significado de una obra.

Más de cuarenta años después de su publicación original, La puntada subversiva continúa planteando preguntas que siguen abiertas. ¿Qué prácticas hemos considerado artísticas y cuáles hemos relegado a otros ámbitos? ¿Qué relación existe entre el valor que atribuimos a una obra y el género de quien la produce? ¿Cuánto de lo que entendemos como historia del arte responde también a una determinada manera de ordenar el trabajo, la creatividad y la cultura?

Título: La puntada subversiva. El bordado y la creación de lo femenino
Autor: Rozsika Parker
Traducción: Ana Useros Martín y Jesús Espino Nuño
Editorial: AKAL
Año de publicación: 2026
Páginas: 320
Precio: 26,50€

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